01 de Febrero de 2010
Queridos..amigos..de..Pirineo..total;
Heridas de guerra.
La semana viene con frio, nieve polvo y todavía quedan una o dos líneas sin trillar. Los profetas del tiempo hablan de algo llamado anticiclón. Por lo poco que he entendido se trata de la antítesis de un ciclón y parece que no tendremos nubes, vientos ni otros elementos atmosféricos de interés. El menú seguirá siendo de pasta y arroz y se estudiará la cocción del arroz de paella en alta montaña. Josefué seguirá negándose a la crema pastelera.
“EL DIA DEL TOPOOOOO”
Si queridos amigos, el síndrome del día de la marmota se ha instalado con fuerza entre nosotros. Día tras día, todo se repite en Aramon-Panzatoni. El mismo desayuno, el mismo ceda el paso, el mismo pitido de saludo con el vecino, la misma clase…Eolo se mantiene esquivo esta temporada y si nos visita lo hace sin ganas y fuerzas. Un desganado Eolo que si visita otras estaciones en su día preferido; San Valero!!
Y fue ese mismo día que nos levantamos con inusitada energía para recibir a nuestro siempre cumplidor Eolo sentados en una mesa de “La Rana” viendo el vaivén de los huevos y el flamear de las banderas. Lejos de cumplirse nuestros deseos y romper con el síndrome, no solo Panticosa abrió sus puertas sino que el resto de estaciones cerraron o abrieron una pista.
Almuerzo de celebración fin de puente
La oleada rompió el frente de forma inusitada. Toda la preparación de los ejércitos de Aramón para la consabida ofensiva prevista para ese puente se vino abajo antes de empezar. Desde el centro de mando los generales de Aramon se sumían en la desesperación. Los mensajeros iban y venían con mensajes aterradores. “Siestas ha caído. Se cierra la zona”, “3 Hombres se cierra también”. “Señor. Cerler ha caído. Nuestras fuerzas se retiran”. Luego vendrían Atún y Piedranchú. Todo el sector pirenaico estaba destrozado y a merced del invasor. Todo?. No, una pequeña estación sería el último reducto contra el invasor; Panticosa lugar de los irreductibles panticutos.
Al punto de la mañana, el gran general de Aramon llamó desde su centro de mando a las orillas del Ebro al general de Brigada de Aramon Panticosa. Todavía desconcertado por la sorpresa de encontrarse con otra estación de la que nada sabia habló gravemente con su subordinado. “El frente ha caído General. Están solos. Han de aguantar a costa de lo que sea. Aramon está en sus manos. Vencer o morir”. Más tarde comentaría: Nunca tantos deberán tanto a tan pocos como nosotros a Aramon Ponticosa..(Panticosa mi general, Pan- ti –co-sa)
La noticia cayó como un jarro de agua fría en las trincheras de nuestro pequeño frente. Aramon Formidal había caído. Allí donde no se pone el sol, donde las trincheras se pierden en el horizonte y la máquina de guerra adquiere su máximo esplendor y poder. Estábamos perdidos. ¿Qué podíamos hacer unos pocos con un puñado de sillas y 3 perchas ante un invasor tan numeroso?.
La huella del orco (y de la batalla)
La resistencia se planificó sobre la marcha; ni un paso atrás y maricón el que lo dé. Sufrimos a los orcos, las manadas de colas belicosas y las cargas masivas en pistas. Luchamos con frio, en la sombra, bajo la nieve y además alguno sin poder sentarse en las sillas. Resistimos 6 horas y media de abnegada lucha y sujetamos el frente.
Sostuvimos el frente pese a pagar un gran precio; al día siguiente nos trillaron toda la estación unos pocos orcos. El frente se había organizado de nuevo pero esos pocos sabían dónde ir en nuestras montañas.
Nos hemos repuesto. Hemos hecho una primera expedición por Yandel. Se trata de poner en marcha Val de Alvarele Yandel. Pero la gloria nos la quitaron. Nos robaron nuestro derecho en nuestra montaña. 4 orcos diagonaleros arrasaron nuestras palas.
A algunos nos ha costado casi un dedo el asunto pero seguiremos esperando acabar con el síndrome de la marmota un día de estos. ¿Quién sabe?. Mañana Eolo puede pasar a visitarnos…
Desde el mismo sitio de ayer, para los de siempre, el mismo de todas las crónicas.
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